MARINA MURAI - Escritora
"On the Road"
 
On the Road es un guiño a la obra de Jack Kerouac 
y su Generación Beat, la inolvidable Beat Generation
pero de manera muy particular pretende ser un homenaje para aquellas personas, seres y lugares 
que tanto han aportado a la autora.
¡GRACIAS!
 
Aquí conocerás algunos sitios, personas o rincones 
que han acogido y acompañado singularmente a la autora 
durante el largo e intenso peregrinaje 
de presentaciones de la novela...
...Otro viaje...
 



 
LAS SUECAS DE MARRAKECH (MARRUECOS)
 A mediados de febrero llegué a Marrakech en un vuelo procedente de Las Palmas. Nada más salir del aeropuerto de Menara tomé un taxi con dirección al hotel que me había reservado el Instituto Cervantes, donde impartiría una conferencia sobre la novela “Me llamo Nadie”. En el trayecto, los naranjos de las aceras se ofrecían colmados de fruta que nadie parecía interesado en recolectar. Un ligero manto de calima se sumaba a la polución de la ciudad imperial. Nada más registrarme en el hotel y dejar la maleta en la habitación me dirigí al Instituto Cervantes, a escasos metros. Allí me recibió Mohammed. Durante la presentación de la novela me llamó la atención un grupito de cuatro mujeres occidentales que se sentaron justo en la primera y segunda fila. Al finalizar la charla se aproximaron para intercambiar algunas impresiones.
 
 Dos de ellas eran suecas: Gita Sellman y Marita, otra era de París y la cuarta una belga que no precisó su lugar de origen, o tal vez soy yo quien no lo recuerda... No sé muy bien cómo pero lo cierto es que acabamos en el vestíbulo del hotel en el que me alojaba, intercambiando direcciones y teléfonos de contacto. Gita, que era la voz cantante, me invitó a un aperitivo para el día siguiente en su Riad en pleno corazón de la Medina. Como aquello era laberíntico y los espacios mínimos, dominados por la estrechez de las calles y una marabunta de transeúntes, Marita me esperó en un punto cercano a una conocida parada de taxis. Se desplazaba con gran habilidad y desenvoltura por el tumultuoso caos, yo la seguía como podía; a duras penas, con evidente torpeza...
 
 En una de las callejuelas me indicó un cartel pintado en la parte superior de un muro; era la bandera sueca con el nombre del Riad de Gita. Otro tanto más allá y así otras tres o cuatro veces más. La estratégica e ingeniosa señalética me recordó a las migas de pan de Pulgarcito. Cuando llegamos Gita se encontraba en su oficina hablando con turistas de Suecia que se alojarían en su Riad en unos días. Marita me invitó a sentarme en unos bancos del coqueto y acogedor jardín, mientras, se fue a preparar un té a la menta acompañado de deliciosas pastas locales.
 
 Cuando regresé al hotel ya era de noche. El resto de días que transcurrieron en Marrakech los pasé acompañada de estas singulares mujeres, que “me adoptaron” y me enseñaron el Marrakech más auténtico, no en vano Gita lleva residiendo allí algo más de cuarenta años... Marita viajaría en dos semanas a Fuerteventura donde pasaría el resto de sus vacaciones. Allí nos volveríamos a reencontrar, en Corralejo, mes y medio después de todo lo que compartimos en Marrakech. Luego, con la inenarrable tristeza, el incómodo vacío que dejan las despedidas cogería el ferry de vuelta a mi casa, en Playa Blanca, Lanzarote. Marita se dirigiría en autobús al aeropuerto para tomar el vuelo con destino a Suecia, e incorporarse de nuevo a su trabajo de profesora y traductora.
 
 ¡Ah!, aquí os dejo la web del Riad de Gita, una anfitriona única por todos sus detalles y su vida "de novela". Como os decía su establecimiento está ubicado en el corazón de la Medina, un lugar mágico... por si alguna vez decidís visitar Marrakech y alojaros en un emplazamiento singular con gente increíble, desbordante de sabiduría, conocimiento y ternura -sobre todo Gita-...
 
Hasta pronto y siempre, mis queridas amigas...
 
 
Desiderátum # 1
 
 «El gato que está triste y azul» me acompaña como un laborioso ángel de la guarda: de noche y de día. Entretanto, esperamos tu llegada, medio ociosos, dispersos, un tanto huérfanos... En la casa de los volcanes, donde el rugido del océano mece los sueños mientras la luna volátil juega a esconderse.
 
 
EN VALLADOLID (ESPAÑA)
 Ya antes de la presentación en “Casa de la India”, Valladolid, tuve la suerte de ser acogida, desde el principio, por personas maravillosas que hicieron de mi estancia en la ciudad una experiencia llena de inolvidables emociones, hoy a todos ellos los considero ya amigos porque sin duda lo son:
 Mar, la propietaria del Café Bar Periflú donde te ponen unas tapas y unos desayunos que quitan el hipo, -por cierto a mí me ofreció el “Mediterráneo”-  además, se ocupó de un problemilla, y es que de regreso al hotel, por suerte muy próximo a la impactante –por majestuosa– y cálida “Casa de la India”, me di cuenta de que la suela de mis dos zapatos, unos deportivos muy casual, se habían despegado por la puntera hasta la mitad. Parecían las fauces hambrientas de dos cocodrilos del Nilo... Imposible andar así, le comenté a Mar, que atendía la barra en la que me había sentado a degustar una caña y comer algo antes de volver al hotel.
 
 Ella me miró y se quedó pensando. Le expliqué: –oye Mar, resulta que como he venido con la maleta cargada de libros he traído lo mínimo y no tengo otros zapatos ¿no sabrás de algún zapatero que arregle, no? Enseguida me di cuenta de lo absurdo de mi demanda, hace tiempo que determinados oficios han ido desapareciendo, entre ellos el de zapatero-remendón, el feroz consumismo nos ha llevado a usar-tirar-comprar (nada de arreglar, que es un acto muy caritativo y generoso para con los objetos que nos acompañan y soportan...). Mar, secaba los vasos del lavavajillas con un paño blanco de hilo y me observaba sin dejar de pensar, de repente coge su móvil y veo que llama a alguien.  Cuando cuelga me comenta, he llamado a Pascual que es el zapatero de al lado, acaba de cerrar pero ha dicho que ya viene, que abre la tienda y te lo arregla. En cinco minutos se presenta en el bar Pascual –también conocido como “SuperLópez”, que es también el nombre de su tienda–, y se toma una caña conmigo y luego me repara los dichosos zapatos. ¡Uf!, qué alivio, cocodrilos de vuelta al Nilo y yo por fin caminando sin el riesgo de caer de bruces, o de parecer una tarada o de ambas cosas...
 
 Pascual, o SuperLópez, arregla de todo y a las mil maravillas, además de ser una persona de una calidez extraordinaria con una curiosidad de filósofo y unos conocimientos de la vida y de las personas que lo hacen aún más humano, si cabe. Aquí os dejo sus coordenadas, por si alguna vez vais por Valladolid... SuperLópez c/San José 8. El café bar Periflú con Mar en la c/San José 6 –justo al lado, como os contaba–.
 Por la tarde, al finalizar la charla y las firmas de ejemplares en “Casa de la India” salí a celebrar con unos amigos que conocí años atrás, cuando residían en Lanzarote, y también nos acompañó María Boal Riaño, la fotógrafa –entre otros- del público que sacó las fotos del evento, pero además, con quien tuve la suerte de iniciar una estupenda amistad. Os dejo el blog de María: mariaboal.blogspot.com
 María llegó a la conclusión de que yo era una “mujer de abismos” porque me lanzaba a la vida a tumba abierta... Hoy mismo me ha confesado que nuestro encuentro le ha dado un giro a su vida, que en unos días se marcha a Turquía y que está experimentando, por vez primera, sus propios abismos...
 
 Y aún debo hablar del bar Auditorium, un poco antes del Periflú, en la misma calle, donde encontraréis a la inolvidable Almudena, una navarra de pura cepa con la que acabé intercambiando una extraña estampa –por lo singular–, de la misma Virgen por la que ambas sentimos idéntica devoción. Dicha estampa la encontré hace años tirada o extraviada en una calle de Sevilla y, desde entonces, siempre va conmigo, pero hizo el tránsito a la billetera de Almudena, aunque al final me la devolvió y yo me quedé con la suya ante su bendita insistencia. Eran las dos, tal vez las tres de la mañana y discutíamos de todo lo divino y humano con una entrañable y muy sabia mujer; Rosa –arqueóloga de profesión–, una mujer como de otro mundo porque pareciera ya de vuelta de todas las dimensiones posibles, habidas y por haber, con cara de aquí no pasa nada, pero quizá con un conjunto de espantos guardados a cal y canto bajo su manto y su piel, desbordantes de humanidad contenida. Y así, poco a poco, se nos fue cayendo la noche, y antes de que la luna resbalara del todo me despedí, aunque ninguna quería decir adiós. En pocas horas viajaría en autobús con destino a Bilbao, para presentar la novela en la Feria del Libro, y había que dormir algo...
GRACIAS AMIGOS Y HASTA SIEMPRE... Gracias Valladolid...

Todo mi agradecimiento, igualmente, a los/as maravillosos/as amigos/as que conocí y tan bien me recibieron en Luxemburgo, París, Lausana y Ginebra (de vuelta a casa), Trieste, Padova (Padua), Liubliana, Zagreb, Corralejo y Antigua en Fuerteventura, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, Rabat y Fez, Laredo... 
Os llevo en el corazón. (Disculpar que no pueda dedicaros más espacio aquí por las limitaciones de la página).




Logo de Linkeo con Respeto